La Onamet, el COE, y los pronósticos meteorológicos

Un pronóstico meteorológico es simplemente un análisis de las condiciones meteorológicas actuales de una determinada región del planeta para establecer por anticipado las condiciones meteorológicas que se esperan en las próximas horas, de forma tal que la sociedad pueda saber, con suficiente antelación, qué debe hacer y qué no debe hacer conforme a su agenda diaria.


En los Estados Unidos gran parte de la gente se asegura de conocer las condiciones meteorológicas antes de salir de su casa, a fin de saber cómo evolucionará la temperatura durante las próximas horas y días, saber si se esperan lluvias débiles o lluvias fuertes, conocer si se espera que caiga nieve y a qué hora caerá la nieve y si se esperan fuertes vientos o no, de forma tal que la gente sale preparada para enfrentar adecuadamente las condiciones meteorológicas que ha de encontrar en la calle durante ese día y/o durante varios días, o suspende y reprograma un largo viaje interestatal o internacional.

Pero las condiciones del clima pueden cambiar bruscamente por razones de temperatura del agua en la superficie del mar, cantidad de vapor de agua que se produce, temperatura del aire a diferentes niveles de altura, presión atmosférica local y regional, flujos de vientos direccionales o convectivos, fortalecimiento en zonas de baja presión, debilitamiento por choques con zonas anticiclónicas de alta presión, agotamiento del vapor de agua por condiciones estacionarias, etc., etc.

Muchas aeronaves se han precipitado a tierra por un cambio brusco en las condiciones meteorológicas en su ruta o en el aeropuerto de despegue o de destino, y por esas experiencias los pilotos dicen que los momentos más difíciles de todo vuelo son el despegue, el atravesar una zona de fuertes turbulencias, y el aterrizaje.

Por esas razones la mayoría de aeropuertos disponen de sus propias estaciones meteorológicas para conocer las condiciones del clima para las próximas horas, y de esa forma programan los vuelos, o los reprograman, o los suspenden definitivamente para proteger a los pasajeros y las tripulaciones.

De igual modo, los aviones modernos disponen de un radar doppler instalado en su esferoide frontal, a fin de conocer anticipadamente las condiciones meteorológicas de la zona por donde ha de atravesar en su trayectoria, y esa es la razón por la cual usted ve en el monitor de cabina que el avión hace giros y desvíos extraños, no programados, en interés de evitar atravesar zonas de fuertes turbulencias que asustan en gran medida a los pasajeros y pueden poner en peligro la estabilidad de la aeronave.

Las depresiones barométricas que se producen en los mares de las regiones tropicales como la nuestra, donde las temperaturas de la superficie del mar, principalmente en verano, superan los 26.5 grados Celsius, tienden a producir fenómenos meteorológicos no circulantes como vaguadas y ondas tropicales; y fenómenos meteorológicos circulantes como depresiones tropicales, tormentas tropicales y ciclones tropicales que se categorizan en función de las velocidades de sus vientos.

El comportamiento de los fenómenos meteorológicos depende mucho de las condiciones atmosféricas de la superficie del mar por donde transite y de la velocidad de desplazamiento hacia mares que aporten mayores niveles de vapor de agua que le fortalecen, pues si el fenómeno meteorológico se queda estacionario consume todo el vapor de agua local y se degrada, si entra en un mar frío no hay vapor de agua y se degrada, y si entra en tierra pierde el aporte del vapor de agua y se degrada.

Pero si las condiciones del clima pueden cambiar naturalmente, entonces lo correcto es que cualquier oficina de meteorología esté siempre alerta ante las condiciones locales del clima, y pueda emitir los boletines y las alertas correspondientes para que la gente esté correcta y oportunamente informada de las condiciones adversas del clima o del empeoramiento del clima, lo que lleva a los organismos de socorro a emitir alertas y avisos de inundaciones y a proceder con las evacuaciones de las personas que viven a orillas de ríos, arroyos y cañadas , o a cambiar los avisos cuando hay mejorías del clima.

Una oficina de meteorología no es culpable de los cambios en las condiciones del clima, pero es culpable de no avisar a tiempo para que la gente y los organismos de socorro sepan cómo proceder. 
A finales de agosto de 1979, el huracán David, de categoría 5, sorprendió a todos los dominicanos, pues David traía una trayectoria que le llevaba a pasar muy al sur de Santo Domingo, pero de repente hizo un cambio brusco hacia el noroeste, penetró tierra adentro y destruyó todo lo que encontró a su paso, sin que la gente estuviese debidamente avisada del cambio de trayectoria.

En septiembre de 1998, el huracán Georges, de categoría 3, venía directo hacia el territorio dominicano, y mientras entraba por la provincia de La Altagracia, el Director de la Defensa Civil decía que el huracán no vendría hacia el país, y eso provocó que mucha gente fuera sorprendida desprevenida, y la excusa posterior dada por el Director de la Defensa Civil fue que su pronóstico de que el huracán no venía para el país era para evitar que la gente se fuera a ocupar los refugios.

A finales de octubre de 2007, la tormenta Noel se formó al suroeste de nuestra isla, entró por la península sur de Barahona y sorprendió a las autoridades de meteorología y a las agencias de socorro que estaban en receso de fin de semana, provocando daños severos en las regiones Suroeste y Nordeste, principalmente en Barahona, Baní, San José de Ocoa, en las presas de Jigüey, Aguacate, Valdesia y Las Barias, y en Maimón, Bonao y todo el bajo Yuna. Un desastre no avisado por nadie.

El 9 de diciembre de 2007 se formó al noreste de Puerto Rico la tormenta subtropical Olga, la cual llegó a la Rep. Dominicana el día 11 de diciembre, habiendo ya descargado 200 milímetros de lluvias sobre la isla de Puerto Rico, por lo que nosotros advertimos, durante 10 horas consecutivas, a través de la emisora Zeta 101 y una amplia cadena radial, de que esta tormenta produciría muchas lluvias sobre las cuencas de los ríos Yaque del Norte y Bao, y advertimos que las presas de Tavera y Bao estaban en la cota 325 metros sobre el nivel del mar y que era necesario bajarlas de nivel y evacuar a la gente que habita a orillas del río Yaque, en Santiago, para evitar una tragedia de media noche.

Nuestras advertencias fueron refutadas por las máximas autoridades del INDRHI, de la EGEHID y de la Defensa Civil, y a media noche, tal y como advertimos, se produjo una gran crecida de los ríos Yaque del Norte y Bao, las dos presas subieron de nivel, los operadores de las presas abrieron súbitamente las 6 compuertas de Tavera, y provocaron una inundación que mató a unas 300 personas y provocó daños por unos 4,500 millones de pesos, lo cual pudo evitarse con un buen pronóstico meteorológico y un buen manejo preventivo de la presa de Tavera. Pero no fue así.

A finales de octubre de 2010 se formó en aguas del Atlántico la depresión Thomas, la cual rápidamente se posicionó al sur de la Rep. Dominicana, se fortaleció y pasó a tormenta tropical, luego a huracán categoría 1, luego a huracán categoría 2, luego se debilitó y bajó a huracán categoría 1, luego a tormenta tropical, luego a depresión tropical, luego se fortaleció y volvió a repetir el ciclo original de tormenta, huracán categoría 1 y luego huracán categoría 2.

Durante el paso de Thomas los boletines oficiales de pronósticos siempre llegaron tardíos, y aunque el 05 de noviembre de 2010 advertimos a través de la emisora Zeta 101, desde tempranas horas de la mañana, que al final de la tarde el fenómeno saldría desde el Canal de los Vientos hacia el océano Atlántico y que eso provocaría oleajes y vientos anormales en Manzanillo y Monte Cristi, nuestra explicación fue subestimada, y en las primeras horas de la noche el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) recibió la información del oleaje y el viento anormal, sus funcionarios entraron en pánico y sobredimensionaron las condiciones meteorológicas, emitieron una alerta roja y un toque de queda, alarmando innecesariamente a la población al decir que el fenómeno se estaba devolviendo y moviéndose hacia el Este y hacia Puerto Plata, cuando en realidad el fenómeno se desplazaba normalmente hacia el nor-noreste, tal y como ellos pudieron verificar al día siguiente.

Ahora, el jueves 02 de junio de 2011, en horas de la tarde, el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) y la Oficina Nacional de Meteorología (ONAMET) emitieron una alerta roja para gran parte del país, fruto de un centro de baja presión posicionado al suroeste de nuestro país, el cual durante el día 02 de junio se había organizado de forma peligrosa y amenazaba con convertirse en tormenta tropical, similar a Noel, pero a las 6:00 de la tarde de ese mismo día las condiciones meteorológicas cambiaron rápidamente y el fenómeno se desorganizo, pero al día siguiente, viernes 03 de junio de 2011, los periódicos aparecieron con un titular de alerta roja que ya había cambiado 12 horas atrás, por lo que la información estaba desactualizada, y fue preciso hacer las explicaciones de lugar.
Eso quiere decir que cuando hay fenómenos meteorológicos vecinos a nuestra isla, los boletines meteorológicos deben ser emitidos cada 5 horas, preferiblemente a las 7:00 AM, a las 12:00 M, a las 5:00 PM y a las 10:00 PM, de forma tal que los periódicos puedan tomar el último boletín del día y publicar al día siguiente una información más actualizada y más precisa.

Recordemos que un pronóstico meteorológico es simplemente un pronóstico meteorológico, y que ese pronóstico no es el Evangelio de San Mateo, sino un análisis puntual de una situación que probablemente pueda cambiar en las próximas horas, y que cualquier cambio debe ser comunicado oportunamente para credibilidad de las autoridades y para beneficio de la población.

La ONAMET y el COE no tienen la culpa de los cambios meteorológicos, pero tienen la culpa de no avisar esos cambios a su debido tiempo, para que la población esté debidamente informada y actualizada. Las experiencias negativas son muchas y debemos aprender de esas experiencias.


Por: Osiris de León.

0 comentarios

Leave a Reply